El Valle Inquietante y el Futuro de los Robots Humanos
La 'valle inquietante' describe la repulsión hacia robots casi humanos, afectando el futuro de la compañía.
El concepto de 'valle inquietante' fue introducido en 1970 por el robotista japonés Masahiro Mori. Este fenómeno psicológico describe cómo nuestra empatía hacia un robot, un avatar o un personaje digital aumenta a medida que se asemejan más a un ser humano, hasta cierto punto. Cuando alcanzan un nivel de similitud que es 'casi humano' pero no perfecto, surge un profundo malestar, una sensación de repulsión o inquietud. Solo cuando la similitud es total, es decir, indistinguible de una persona real, la afinidad vuelve a aumentar.
Mori ilustró este concepto con un gráfico sencillo: en el eje horizontal se representa el grado de similitud humana, mientras que en el eje vertical se muestra el nivel de empatía o comodidad. La línea asciende gradualmente, luego cae en un profundo 'valle' (el momento inquietante) y finalmente vuelve a ascender abruptamente hacia lo humano real.
¿Por qué ocurre esto?
Nuestro cerebro está diseñado para reconocer a los seres humanos en fracciones de segundo. Cuando algo parece humano pero presenta detalles incorrectos —movimientos mecánicos, miradas vacías, piel demasiado suave o fría, microexpresiones poco naturales— se genera un conflicto cognitivo. El cerebro espera un humano, pero detecta 'anomalías'. Esto provoca un desagrado similar al que sentimos hacia un cadáver o una enfermedad: es un mecanismo evolutivo de alerta.
El movimiento agrava la situación: un robot inmóvil puede parecer simplemente extraño, pero uno que sonríe, camina o te mira a los ojos amplifica el efecto (Mori ya lo notó en 1970 con un robot que sonreía de manera poco natural).
En 2026, este concepto es más relevante que nunca. Robots como Moya de DroidUp (Shanghái), que tienen una temperatura de piel cálida (32–36 °C), expresiones faciales ricas y una forma de caminar que es un 92% humana, se encuentran justo en la 'valle inquietante'. Muchos los consideran fascinantes, mientras que otros los describen como 'inquietantes' o 'desconcertantes' (New York Post, TechRadar). Este es el clásico punto de transición: lo suficientemente realistas como para engañar un poco, pero no lo suficiente como para superar la barrera.
Implicaciones para el futuro de la compañía Si logramos superar la 'valle inquietante' (con inteligencia artificial más avanzada, mimética perfecta y tacto realista), los robots podrían convertirse en verdaderos compañeros: para ancianos solos, personas con discapacidades emocionales o incluso en relaciones afectivas. Pero también existe el reverso:
si se vuelven demasiado humanos, ¿podríamos llegar a preferirlos sobre las personas reales?
Esto podría llevar a una disminución de las interacciones humanas, soledad disfrazada y cuestiones éticas sobre el 'amor' hacia una máquina.