Tecnología y didáctica en Dinamarca para un equilibrio efectivo

Dinamarca reduce el uso de la tecnología en las escuelas para reflexionar sobre una integración consciente.

Tecnología y didáctica en Dinamarca para un equilibrio efectivo

Tecnología y didáctica: la lección danesa entre reflexión y equilibrio La experiencia danesa puede ser una útil llamada de atención contra el entusiasmo acrítico, pero cada contexto educativo requiere soluciones calibradas. La decisión de Dinamarca de reducir el uso sistemático de la tecnología en las escuelas no debe leerse como un rechazo absoluto de la innovación, sino como una oportunidad para reflexionar sobre cómo integrar las herramientas digitales de manera más consciente y equilibrada.

El contexto del giro danés Después de adoptar la didáctica informatizada desde 2011, ya en 2024 Dinamarca había comenzado a retroceder. Lo que antes era una iniciativa asumida individualmente por algunas escuelas se ha convertido en un proyecto estructural: regresan a clase libros, cuadernos, bolígrafos, lápices y gomas de borrar. Las computadoras se utilizarán solo bajo el control de los docentes y para tareas específicas, mientras que el acceso a redes sociales estará prohibido para menores de quince años y los smartphones serán vetados en las aulas.

Esta elección no nace de posiciones ideológicas, sino de la observación directa en el campo. El excesivo tiempo pasado frente a las pantallas – sumando lecciones, tareas y tiempo libre – se ha asociado a fenómenos de aislamiento, distracción y disminución del rendimiento escolar. Incluso el Joint Research Centre de la Comisión Europea ha destacado recientemente el impacto negativo del uso intensivo de plataformas digitales en la salud mental de los adolescentes.

Más allá de las oposiciones: encontrar el equilibrio adecuado La cuestión fundamental no es tecnología sí o tecnología no, sino cómo integrar las herramientas digitales en la didáctica de manera que apoyen el aprendizaje sin reemplazar completamente las metodologías tradicionales que sabemos que funcionan.

Es innegable que la tecnología, cuando se utiliza de manera dirigida, puede ofrecer ventajas significativas:    • Acceso a recursos didácticos vastos y actualizados    • Posibilidad de personalizar los recorridos de aprendizaje    • Desarrollo de competencias digitales ya indispensables en el mundo laboral    • Herramientas para la inclusión de estudiantes con necesidades educativas especiales

Sin embargo, la experiencia danesa pone de relieve riesgos concretos cuando la adopción de la tecnología se vuelve sistemática y acrítica. El fenómeno de la soledad en grupo – esa condición paradójica de estar físicamente juntos pero aislados cada uno en su propia pantalla – es una realidad tangible en las aulas donde cada estudiante interactúa principalmente con un dispositivo en lugar de con compañeros y docentes.

¿Qué podemos aprender de Dinamarca?

El mensaje que llega de Dinamarca no es demonizar la tecnología, sino utilizar las herramientas en lugar de ser utilizados por ellas. Se trata de rechazar la lógica binaria del todo o nada para abrazar un enfoque más maduro y consciente.

Cada contexto educativo tiene sus propias especificidades: edad de los estudiantes, disciplinas enseñadas, recursos disponibles, cultura escolar local. No existe una receta universal, pero algunos principios pueden guiar elecciones más equilibradas:    • Evaluar cuidadosamente cuándo y para qué la tecnología añade valor real al aprendizaje    • Preservar espacios para la interacción humana directa, esencial para el desarrollo de competencias sociales y emocionales    • Formar a los docentes no solo en el uso de las herramientas, sino en su integración pedagógica consciente    • Monitorear los efectos en el bienestar de los estudiantes, no solo en los resultados académicos    • Involucrar a estudiantes y familias en las decisiones sobre el uso de la tecnología

Una reflexión necesaria La experiencia danesa nos recuerda que el progreso no consiste en adoptar cada novedad tecnológica disponible, sino en construir entornos educativos que pongan en el centro el bienestar y el aprendizaje auténtico de los estudiantes. La tecnología puede ser un aliado valioso en este camino, pero solo si se utiliza con discernimiento e integrada en una visión pedagógica clara.

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